
Japón tiene reputación de ser un lugar homogéneo que permanece en armonía. El país no cuenta con muchos extranjeros, las diferencias lingüísticas son poco frecuentes y las diferencias de clase casi no existen. Sin embargo, la sociedad nipona no es tan ideal, ya que trata de ocultar que contiene una casta de 'intocables', según revela el investigador Mike Sunda.
Este
sociólogo de Tokio ha explicado a la BBC que la sociedad nipona sigue discriminando
a una minoría, dañada por el desequilibrio social desde hace siglos. Aunque
el sistema de castas fue eliminado en 1871, durante la Restauración Meiji, casi
tres millones de personas que son étnica, lingüística y racialmente
indistinguibles de los otros japoneses permanecen bajo la presión de prejuicios
medievales.
Se
trata de los 'burakumin', una de las minorías más
numerosas del Japón. Este término se utiliza para nombrar a los descendientes
de los individuos marginados del Japón feudal, que recibían el nombre de 'eta'.
La mayoría de sus integrantes desarrollaba oficios relacionados con la muerte:
sepultureros, verdugos o curtidores de pieles. Este tipo de trabajo fue
considerado como 'sucio' debido a la prohibición de matar impuesta por el
budismo y a la noción de 'impureza' que emplearon los sintoístas con los
individuos que trataban con cadáveres o sangre.
"Cuando la gente nos pregunta
en qué trabajamos, dudamos a la hora de responder, en la mayoría de los casos
para no perjudicar a nuestras familias. Nosotros podemos afrontar la
discriminación, pero nuestros hijos no tienen los recursos necesarios para defenderse
y debemos protegerlos", declara el matarife Yuki Miyazaki.
Debido a las pecularidades
culturales de Japón, la comunidad 'burakumin' se encontraba debajo de las
cuatro castas oficiales: samuráis —sólo el 5% de la población—;
granjeros y campesinos; artesanos y, finalmente, comerciantes y mercaderes. De
acuerdo con los principios sociales establecidos, los matrimonios entre
miembros de diferentes castas estaban restringidos, mientras que las bodas
entre cualquiera de ellos y un 'burakumin' estaban prohibidas.
Hoy en día, los descendientes 'burakumin' se enfrentan
a la misma discriminación medieval cuando tratan de obtener trabajo o casarse
con alguien que no es de su grupo social. De hecho, es común que las familias
japonesas tradicionales comprueben el pasado de los futuros yernos o nueras
para asegurarse de que no tienen un origen 'buraku'. Estas
investigaciones se realizan gracias al 'koseki', el registro
familiar del Gobierno, que contiene datos sobre los
nacimientos, adopciones, muertes, matrimonios y divorcios a lo largo de
varios siglos.
Las prestigiosas
empresas japoneses utilizan largas listas de 'burakumin' recopiladas durante
decenas de años para prevenir que la compañía contrate a ningún 'intocable'. Por
este motivo, es bastante común que los miembros de esta comunidad obtengan
cargos peores y tengan sueldos inferiores a los de sus colegas.
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