
Los analistas
occidentales suelen mostrarse excesivamente escépticos sobre el desarrollo de
las relaciones ruso-chinas, escribe un columnista de 'The National Interest'. Sin
embargo, la historia muestra muchos ejemplos de los altos niveles de
cooperación entre Moscú y Pekín, sostiene.
Las acciones del presidente ruso Vladímir Putin en
Siria, así como el fortalecimiento de las relaciones ruso-chinas aumentan
significativamente la necesidad de comprender la trayectoria del desarrollo de
las relaciones entre Moscú y Pekín, pues puede conducir en última instancia a
la creación de un poderoso "coloso euroasiático", escribe el profesor
Lyle Goldstein en su artículo para 'The National Interest'.
"Los signos de una creciente asociación entre
Rusia y China son visibles muy fácilmente", sostiene el especialista. En
este contexto, el columnista recuerda las visitas mutuas de Vladímir Putin
y Xi Jinping en
el desfile por el Día de Victoria. Este hecho, subraya, pone de relieve la
"historia común de las catastróficas pérdidas en la enorme conflagración
de la Segunda Guerra Mundial".
Asimismo,
Goldstein señala que tras el desarrollo de la crisis en Ucrania, los aliados
occidentales están empezando a temer que las relaciones entre Moscú y Pekín,
tarde o temprano, puedan desembocar en una alianza político-militar de pleno
valor.
"Los
analistas occidentales todavía pueden ser demasiado escépticos respecto a la
evolución de las relaciones ruso-chinas. Sin embargo, en varios periodos de la
historia se ha visto un nivel muy alto de colaboración entre ambos países. Y la
doble combinación de 'equilibrio', junto con el hecho de que Occidente aún está
desarrollando una respuesta estratégica a la crisis ucraniana, puede resultar
suficiente para solidificar un contrapeso eurasiático geopolíticamente
importante".
Noticias RT.
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